
La forma más grave de la infección por Yersinia pestis afecta a los pulmones y puede transmitirse entre personas. El tratamiento temprano es vital.
La Peste neumónica representa una de las preocupaciones epidemiológicas más severas debido a que se trata del único tipo de peste capaz de transmitirse de persona a persona. Causada por la bacteria Yersinia pestis, esta enfermedad provoca una infección pulmonar grave (neumonía) que avanza de forma rápida y puede resultar fatal si no se administra un tratamiento médico a tiempo. Aunque es una patología poco común a nivel mundial, las autoridades de salud enfatizan la importancia de identificar sus manifestaciones iniciales para aplicar protocolos de aislamiento y profilaxis.
Peste neumónica contagio y síntomas de la infección pulmonar
En el caso de la peste neumónica se desencadenan cuando la persona inhala gotitas respiratorias infectadas suspendidas en el aire, expulsadas por un ser humano o animal (como los gatos) al toser o estornudar. Asimismo, esta variante pulmonar puede desarrollarse como una complicación secundaria de la peste bubónica o septicémica cuando las bacterias se diseminan por el flujo sanguíneo hasta los pulmones.
Los signos clínicos suelen manifestarse de manera repentina, generalmente entre uno y cuatro días posteriores a la exposición a la bacteria. Entre los síntomas principales se destacan:
- Fiebre elevada, escalofríos y debilidad extrema.
- Dolor de cabeza intenso y malestar generalizado.
- Tos fuerte acompañada de expectoración hemoptoica (con sangre) o de aspecto espumoso.
- Dificultad respiratoria severa y dolor torácico al respirar profundamente.
Si la neumonía no recibe intervención profesional inmediata, la enfermedad evoluciona rápidamente hacia un cuadro de insuficiencia respiratoria, shock y desenlace fatal.
Diagnóstico, tratamiento y medidas de aislamiento
Dado que la Yersinia pestis es una bacteria presente en roedores salvajes y sus pulgas en distintas regiones del planeta, el diagnóstico precoz resulta determinante. Para confirmar la presencia del bacilo, los profesionales médicos realizan un examen físico e indican pruebas específicas como hemocultivos, cultivos de esputo, aspirados de ganglios linfáticos y radiografías de tórax.
El tratamiento médico debe iniciarse de inmediato, incluso antes de obtener los resultados definitivos de laboratorio, preferentemente dentro de las primeras 24 horas tras la aparición de los primeros síntomas. La terapia se basa en la administración de antibióticos específicos como ciprofloxacina, doxiciclina, gentamicina, levofloxacina, moxifloxacina o estreptomicina, complementados con oxígeno, líquidos intravenosos y asistencia respiratoria en unidades de salud.
Para cortar la cadena de transmisión, los centros sanitarios aplican estrictos procedimientos de aislamiento. Quienes hayan mantenido contacto estrecho con un paciente diagnosticado deben recibir antibióticos preventivos y permanecer bajo estrecha vigilancia médica. Actualmente no existen vacunas disponibles comercialmente, por lo que el control de poblaciones de roedores y la consulta oportuna ante cuadros sospechosos constituyen los pilares fundamentales de prevención.
Fuente: CANAL 12 WEB